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Trazando Latidos te explica | Comprender para acompañar mejor

Mi hijo entiende lo que le digo, pero no siempre logra hacerlo. ¿Qué puede estar pasando?

Comprender una indicación es solo una parte del proceso. Descubre qué otras habilidades pueden intervenir y cómo facilitar la participación de los niños en casa y en el aula.

Una escena cotidiana que nos invita a comprender

Es hora de salir de casa.

La mochila está junto a la puerta, los zapatos esperan en el pasillo y todavía hay juguetes sobre el suelo.

“Guarda los juguetes, ponte los zapatos y trae tu mochila”.

Parece una indicación sencilla. Sin embargo, unos minutos después, el niño continúa jugando. Quizás guardó algunos juguetes, pero olvidó lo demás. O comenzó a buscar sus zapatos y terminó haciendo otra cosa.

En el aula puede ocurrir algo parecido: un docente explica cómo preparar los materiales para una actividad y algunos niños comienzan enseguida, mientras otros necesitan una demostración, un recordatorio o ayuda para dar el primer paso.

Ante estas situaciones, es natural preguntarse:

¿Por qué no hizo lo que le pedí si parecía haberme entendido?

La respuesta no siempre es evidente.

Una misma conducta puede tener explicaciones diferentes. A veces la instrucción no se comprendió completamente. En otras ocasiones, la tarea requiere recordar varios pasos, cambiar de actividad o saber cómo comenzar.

También puede ocurrir que el niño no quiera realizarla en ese momento.

Por eso, antes de asumir una explicación, conviene conocer qué habilidades pueden intervenir.

1. Escuchar, comprender y actuar: tres momentos diferentes

Aunque solemos utilizar estas palabras como si significaran lo mismo, describen procesos distintos.

Escuchar significa recibir información auditiva. Pero oír las palabras no garantiza que se haya prestado atención a ellas.

Comprender implica interpretar el significado de lo que se comunica. Para ello influyen el desarrollo del lenguaje, la familiaridad con las palabras y la complejidad de la indicación.

Actuar supone transformar esa información en una respuesta. Dependiendo de la tarea, puede ser necesario recordar lo que se pidió, organizar una secuencia, interrumpir otra actividad o iniciar un movimiento.

Imaginemos dos indicaciones:

“Trae tus zapatos”.

“Organiza todo lo que necesitas para salir”.

La primera menciona una acción y un objeto concretos.

La segunda exige interpretar qué significa estar preparado, identificar los elementos necesarios y posiblemente realizar varias acciones.

Aunque ambas buscan un resultado parecido, no plantean las mismas demandas.

La idea importante: una instrucción puede resultar sencilla para quien la da y, al mismo tiempo, requerir varias habilidades para quien la recibe.

2. ¿Qué son las funciones ejecutivas y qué relación tienen con las instrucciones?

Las funciones ejecutivas son un conjunto de procesos mentales que nos ayudan a dirigir nuestra atención, manejar información, regular nuestras respuestas y adaptarnos a distintas situaciones.

El Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard destaca tres capacidades fundamentales:

Memoria de trabajo: mantener información disponible

Nos permite conservar temporalmente información y utilizarla mientras realizamos una actividad.

Por ejemplo, si escuchamos “guarda los bloques, busca tus zapatos y trae la mochila”, necesitamos mantener presentes esas acciones mientras comenzamos a realizarlas.

Cuantos más pasos contiene una indicación, mayor puede ser la demanda de memoria de trabajo.

Flexibilidad cognitiva: adaptarnos a los cambios

Es la capacidad de modificar nuestra atención, perspectiva o manera de actuar cuando la situación lo requiere.

Puede intervenir cuando un niño necesita dejar una actividad para comenzar otra.

Pasar de construir una torre a prepararse para salir no implica únicamente escuchar una nueva instrucción: también requiere cambiar el foco de la actividad.

Control inhibitorio: regular respuestas y distracciones

Nos ayuda a detener o modular impulsos y a mantener la atención frente a estímulos que compiten por ella.

Por ejemplo, un niño puede comprender que debe guardar un juguete, pero encontrar difícil interrumpir una actividad que le resulta especialmente interesante.

Estas capacidades se desarrollan progresivamente durante la infancia y continúan madurando durante la adolescencia y los primeros años de la adultez.

No aparecen de forma completa de un día para otro, ni funcionan siempre de manera idéntica en todas las situaciones.

Una aclaración importante: las funciones ejecutivas no explican por sí solas todas las dificultades para seguir indicaciones. La comprensión del lenguaje, las habilidades motoras, el contexto, el interés y las necesidades individuales también pueden intervenir.

3. Cinco situaciones que pueden hacer más difícil una indicación

1. La instrucción contiene demasiados pasos

“Guarda los colores, cierra el cuaderno, lava tus manos y ven a la mesa”.

Para un niño pequeño, mantener y realizar todas estas acciones puede ser más exigente que seguir una indicación breve.

Podemos probar: presentar una acción concreta y continuar con la siguiente cuando corresponda.

2. Las palabras son demasiado generales

“Pórtate bien”.

“Organiza tus cosas”.

“Prepárate”.

Son expresiones habituales, pero no siempre indican claramente qué acción se espera.

Podemos probar: sustituirlas por descripciones específicas, como “Pon los lápices en el estuche”.

3. La tarea requiere cambiar de actividad

Terminar un juego para ir a comer o dejar una actividad creativa para comenzar otra puede ser difícil.

No necesariamente porque el niño no haya comprendido la indicación, sino porque la transición representa una demanda adicional.

Podemos probar: anticipar lo que sucederá y ofrecer una referencia sencilla sobre el siguiente paso.

4. El entorno presenta muchas distracciones

Varias conversaciones, sonidos, pantallas o movimientos alrededor pueden competir por la atención.

Podemos probar: acercarnos, reducir estímulos cuando sea posible y acompañar las palabras con un gesto o una demostración.

5. La actividad no se ajusta a las posibilidades de ese momento

El cansancio, el malestar, la frustración o la complejidad de una tarea pueden influir en la participación.

Podemos probar: revisar si la tarea es adecuada, ofrecer ayuda o posponerla cuando sea posible.

No todas estas situaciones requieren la misma respuesta. Lo importante es evitar interpretar automáticamente una dificultad como falta de voluntad.

4. ¿Cómo podemos dar instrucciones más claras?

Los CDC recomiendan, especialmente para niños pequeños, formular indicaciones específicas, apropiadas para su edad y habilidades, utilizar un tono respetuoso y presentar una instrucción a la vez cuando sea necesario.

Estas orientaciones pueden inspirar estrategias prácticas en distintos entornos, siempre adaptándolas a cada niño.

Una acción concreta

En lugar de:

“Recoge todo”.

Podemos probar:

“Pon los bloques en esta caja”.

Un paso a la vez

En lugar de:

“Guarda los juguetes, ponte los zapatos y trae tu mochila”.

Podemos probar:

“Primero guarda estos bloques”.

Cuando termine:

“Ahora vamos por tus zapatos”.

Mostrar además de explicar

Podemos señalar un objeto, indicar dónde colocarlo o demostrar cómo iniciar la tarea.

Por ejemplo:

“Pon el libro aquí”.

Mientras señalamos el estante correspondiente.

Anticipar una transición

“Después de este cuento, vamos a guardar los libros”.

En algunos casos, una imagen, una secuencia visual o una rutina conocida puede complementar las palabras.

Ofrecer opciones cuando sea apropiado

“¿Prefieres comenzar guardando los carros o los bloques?”.

Ofrecer dos alternativas sencillas puede dar espacio a la participación del niño sin perder claridad sobre la actividad.

Estas estrategias no garantizan que una indicación se realice. Su propósito es facilitar la comunicación y ajustar las demandas de la tarea.

5. Tres ejemplos para casa y escuela

En casa: ordenar después de jugar

Situación: hay diferentes juguetes distribuidos por la habitación.

Indicación general: “Deja todo organizado”.

Alternativa concreta: “Guarda los carros en la caja azul”.

Si hace falta, podemos mostrar dónde van o comenzar juntos.

Antes de salir: preparar las pertenencias

Situación: hay que ponerse los zapatos, buscar un abrigo y recoger la mochila.

Indicación con varios pasos: “Ponte los zapatos, busca tu abrigo y trae la mochila”.

Alternativa: “Vamos a empezar por los zapatos”.

Después se presenta el siguiente paso.

En el aula: preparar una actividad

Situación: los estudiantes necesitan organizar materiales para dibujar.

Indicación general: “Preparen todo para trabajar”.

Alternativa concreta: “Coloca una hoja sobre tu mesa”.

El educador puede mostrar el material y continuar después con la siguiente acción.

Estos ejemplos son propuestas de aplicación, no protocolos universales. Según la edad y las habilidades del niño, puede ser adecuado utilizar instrucciones más complejas o permitir que organice varios pasos de manera autónoma.

6. ¿Qué pasa cuando una instrucción clara no es suficiente?

Una instrucción breve y concreta puede facilitar la comprensión, pero no elimina todas las dificultades.

Algunos niños pueden necesitar más tiempo, apoyos visuales, demostraciones, herramientas de comunicación o ajustes en el entorno.

Otros pueden comprender perfectamente la tarea y expresar que no desean realizarla. Escuchar esa respuesta también forma parte de una comunicación respetuosa, aunque los adultos debamos mantener ciertos límites o responsabilidades.

Si las dificultades para comprender o realizar actividades son frecuentes, persistentes o afectan significativamente la participación cotidiana, es recomendable buscar orientación de un profesional cualificado.

Un pediatra o un profesional especializado en lenguaje y comunicación puede ayudar a determinar si es necesaria una evaluación individual.

Este artículo no pretende identificar diagnósticos ni establecer tratamientos. Su propósito es ofrecer información educativa que ayude a comprender mejor algunas de las demandas presentes en las actividades cotidianas.

7. Una propuesta sencilla para ponerlo en práctica

No necesitamos modificar todas nuestras rutinas.

Podemos comenzar con una sola situación.

Elige una tarea cotidiana. Por ejemplo, guardar los juguetes antes de cenar.

Identifica qué puede estar resultando difícil. ¿Comprender la instrucción? ¿Recordar varios pasos? ¿Saber por dónde comenzar? ¿Interrumpir el juego?

Prueba un ajuste pequeño. Utiliza palabras más concretas, muestra el primer paso o divide la actividad.

Observa qué sucede. Quizás el cambio facilite la participación. Quizás necesites otro apoyo. O tal vez descubras que la dificultad tenía una explicación diferente.

La finalidad no es medir qué tan rápido responde el niño, sino encontrar formas de comunicación y participación que se ajusten mejor a la situación.

Un recurso para acompañarte

En Educ-ARTE hemos preparado De las palabras a la acción, una guía práctica descargable con diez situaciones cotidianas y ejemplos de instrucciones claras para utilizar en casa y en el aula.

Incluye alternativas concretas, ideas para adaptar las indicaciones y un espacio para identificar qué estrategias resultan útiles en diferentes situaciones.

Descarga gratuitamente la guía “De las palabras a la acción”.

Portada original de De las palabras a la acción

Guía gratuita · PDF · 8 páginas

De las palabras a la acción

Guía práctica para dar instrucciones claras y facilitar la participación de los niños.

Una guía visual gratuita para familias y educadores, con diez situaciones cotidianas, ejemplos de instrucciones claras, apoyos prácticos y una hoja para planificar pequeños ajustes en casa y en el aula.

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Para recordar

Una indicación no es solamente una frase que escuchamos. Según la tarea, puede implicar comprender, recordar, organizar, adaptarse y actuar.

Conocer estos procesos no significa que podamos explicar todas las respuestas de un niño. Significa que contamos con más elementos para comprender qué puede estar ocurriendo y considerar diferentes formas de apoyo.

A veces, cambiar la manera de presentar una tarea puede hacerla más accesible.

Y otras veces, lo que necesitamos es comprender mejor las circunstancias de quien la recibe.

En Educ-ARTE creemos que aprender a comprender también es una forma de acompañar.

Para seguir aprendiendo

Si deseas profundizar en las habilidades que intervienen cuando un niño necesita recordar instrucciones, organizar tareas o comenzar una actividad, estas dos lecturas pueden ser un buen punto de partida.

Lectura
recomendada

Cómo estimular el cerebro del niño

Rafa Guerrero

Una propuesta que combina explicaciones sobre las funciones ejecutivas con actividades prácticas para explorar habilidades como la atención, la memoria de trabajo y la planificación.

Conocer el libro ↗

Lectura
recomendada

Inteligentes pero dispersos

Peg Dawson y Richard Guare

Una guía orientada a comprender las habilidades ejecutivas y acompañar dificultades cotidianas relacionadas con la organización, el seguimiento de tareas y la autonomía.

La edición en español enlazada es «Despierto pero disperso» (Ediciones Paidós), traducción de la segunda edición inglesa; incluye también a Colin Guare entre los autores y sale a la venta el 28 de octubre de 2026. La edición en inglés enlazada es Smart but Scattered, segunda edición (2024), de Peg Dawson, Richard Guare y Colin Guare.

Estas recomendaciones son sugerencias de lectura para ampliar conocimientos. No sustituyen las fuentes científicas utilizadas en el artículo ni implican que todas las actividades propuestas en los libros cuenten con validación experimental independiente.

Explora nuestra biblioteca de lecturas recomendadas →

Nota de Trazando Latidos: Estas son recomendaciones bibliográficas elaboradas a partir de información documentada sobre las obras y la consulta parcial de sus contenidos. No constituyen reseñas integrales ni evaluaciones científicas de todas las estrategias que presentan. Las lecturas sugeridas complementan, pero no sustituyen, las referencias científicas del artículo.

Referencias científicas

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Diamond, A. (2013). Executive Functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4084861/
  2. Center on the Developing Child, Harvard University. (2012). InBrief: Executive Function. https://developingchild.harvard.edu/resources/inbriefs/inbrief-executive-function/
  3. Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Steps for Giving Good Directions. https://www.cdc.gov/parenting-toddlers/directions/good-directions.html
  4. Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Practice Parenting Skills: Giving Directions. https://www.cdc.gov/parenting-toddlers/directions/parenting-skills.html

Nota editorial: Este artículo tiene fines educativos e informativos. No sustituye la evaluación ni las recomendaciones individualizadas de profesionales de la salud o del desarrollo infantil.

Trazando Latidos · Aprendiendo con amor.